miércoles, 8 de agosto de 2007

Duchoterapia I

Mucho estaba tardando en tocar este tema, quienes hayan convivido conmigo lo sabrán...
Desde muy pequeña me recuerdo encerrada en el cuarto de baño durante horas. Más que cuarto de baño era sala de lectura.
Siempre me ha gustado ese tipo de soledad, excusada por las circustancias que rodean a un cuarto de baño.
Cuando fui a vivir a Granada, hice lo posible por modificar mis costumbres. Éramos cuatro personas (o cuarenta, dependiendo del mes) para un cuarto de baño, y sería injusto castigar las vejigas ajenas de ese modo.
Pero el verano pasado, un miedo, fundado o infundado, eso es lo de menos, porque miedo era, me impulsó a volver a hacer uso de mi refugio.
El primer día fueron cuarenta minutos, el segundo una horita, luego tres, hasta cinco horazas encerradas en el baño.
En dos meses mi vida volvió a su desorden habitual. Se fue el agente patógeno y llegó mi equipo actimel (qué bellos los septiembres granaínos). Pero no sólo seguí usando el cuarto de baño de castillo y la taza de váter de trono, sino que lo acondicioné todo para mi comodidad.
¿Qué hace Laura en el baño tantas horas?

No hay comentarios: