lunes, 17 de septiembre de 2007

¡La maleta!


Viajar sola tiene muchas ventajas, en concreto de conocimiento. Te conoces más a ti misma, das pie a conocer a más gente, a vivir situaciones inimaginables en otras circunstancias.
Viajar sola tiene algún inconveniente, y es que nadie te despide ni te recibe en las estaciones por las que pasas.
Y viajar de síndrome premenstrual hace que todo te importe un poco más.
Murcia-Granada.
Es un trayecto que he recorrido decenas de veces. Algunas de ellas han venido a despedirme, otras no. Pero siempre ha sido un destino seguro. Allí está mi casa, allí vive gran parte de mi gentucilla. Por allí paseo, compro, saludo.
Granada era un destino seguro.
Ahora Granada es sólo un paso hacia Coimbra. Una ciudad entera por ser paseada, cientos de personas a las que acabaré saludando, alguna tiendecilla en la que, algún día, pediré que me fíen.
Pero por ahora, Coimbra es territorio desconocido.
Murcia.
Había perdido mucho de lo que allí tenía. Hacía tres años que no pasaba más de cinco días seguidos en mi pueblo, y este verano he estado casi dos meses enteros (escapaditas aparte, claro).
Este verano he redescubierto mi pueblo. Y lo he disfrutado.
Ahora me voy de Murcia a Granada, caminito de Coimbra.
Dejo mucho en Murcia.
Dejo a Dilcia hecha una moza, a puntito de andar y hablar. Dejo a Musa “encantada de la vida”, con el útero relajadito. Dejo a María crece que te crece, la Niña Baobab, imparable ella. Dejo a Maki de transición hacia Ignacio, larva pasando a mariposa. Dejo el regustillo agridulce de los besos de Miguel. Dejo los momentazos de Salviterapia (¡me lo curas todo, cari!). Dejo a David y Doris criando conejos, o algo así… Dejo la ternura de Morales encerrada en ese cuerpecito de punkarra. Dejo a Pedro hecho todo un jefazo. Dejo dos metros cuadrados de césped aplastados por nuestros culos en el parque. Dejo treinta limones flotando en la fuente esperando a que NsK vaya a recogerlos. Y dejo arena de mi perra en cada rinconcillo de mi casa, que frita tengo a mi Concha…
Mucho dejo, y mucho me llevo.
Me llevo el útero cargaíto de bellos momentos. Me llevo el cariñico que han querido darme ataíto al cuello. Me llevo la magia en la punta de los dedos y la risa adherida a los mofletes. Me llevo lo lindo de la gente que me ha rodeado, me llevo todos los pantalones manchados de césped. Y me llevo el arte, porque cada cual sigue siendo el rey...

Y aún queda lo mejor, tooodo lo que voy a traer!!

Ea personitas, muchísimas gracias por todo. Sí, por todo.

Y nos vemos por la tela, en la próxima vuelta al laberinto...

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